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domingo, 20 de marzo de 2016

SABER QUE EXISTES, QUETZAL NOAH | CULTURA COLECTIVA

Es hermoso saber que existes, 
es como subir por primera vez
al carrusel o la montaña rusa
Es hermoso saber que existes 
y que tus mejillas se colorean
de jugo de betabel y cereza
cada que te susurran a las orejas
Es hermoso saber que existes,
que conozcas mi locura y no te asuste
Fluyes espontánea y risueña,
enséñame las constelaciones 
asomadas en la noche de tus pechos,
tus mañanas más caóticas, 
lléname de ti y el sabor fresco
de tu labio eucalipto y menta,
expándete como tierra sin fronteras 
Es hermoso saber que existes, 
me pregunto si el infinito 
al igual que yo también te sueña
¿Sabes por qué el café es más rico, 
los paseos un milagro y el sol un suceso?
Porque es hermoso saber que existes.




domingo, 30 de agosto de 2015

CARTA NO ENTREGADA, YADIRA ROMO



Hoy puedo escribirte más tranquila sin la necesidad de que se me haga nudo el corazón, porque si, te lloré y lloré por la cobardía que todo el tiempo esta detrás de nosotros.

Ayer me probé dos vestuarios y opté por ponerme vestido, delinee  mis ojos y me puse un poco de labial morado, no me gusto, creo que ese labial ya no me gusta ; intenté con otro rojo carmín y me gusto como se me veía en mis labios, quería que te gustará el carmín en mis labios. 

A veces quisiera entender a las personas y entender su actitud, pudiste haberme explicado, yo te hubiera escuchado. 

Ayer me había puesto linda para ti y fue muy fácil mandar un mensaje para que todo se cayera.
Me mandaste a un vacío.

Quise entenderlo pero no puedo, siempre necesito explicaciones porque yo te dí mil razones, te explique porque te abrí las puertas de mi mundo y hoy Coldplay me hace exigirte explicaciones. 

Pase mil veces las canciones que planeaba dedicarte porque quería que tu cariño fuera perfecto dentro de mis parámetros, no sabías que tus mensajes a las 9:30 llenaban de felicidad mi mundo. 

Jamás diré que eres el malo, yo fui la que te dí las razones, creo, nadie ha podido bailar bajo mi desastre y no se si sea esta estúpida idea que me he creado de la perfección.

Ayer me corte las uñas para que no te molestara su  ruido y quisiera que  me prometieras que no besaras a nadie más pero nunca estaría en derecho.

Quería que tu fueras  para siempre porque jamás había estado tan segura de algo ni de alguien.

domingo, 28 de junio de 2015

CUANDO ELLA SE PONÍA TRISTE, YADIRA ROMO


Cuando ella se ponía triste, era la flor más hermosa del jardín, vestía más bonito, vestía de negro  eso la hacia ver más elegante, se veía como una mariposa negra en medio del arco iris,  ella era efímera. 

Cuando estaba triste rizaba sus pestañas pero su mirada seguía siendo vacía, pero un vació que llena, un vació que te hace llorar, no expresaba nada pero te lo decía todo.  

Cuando ella se ponía triste el universo la envidiaba porque las constelaciones se plasmaban en su rostro, las estrellas se ponían a brillar en sus pequeñas pecas. 

Cuando el sentimiento la acosaba, no recogía su cabello y dejaba que los risos cayeran sobre su cuello, su boca se curvaba un poco hacia arriba y olía a vainilla, sutil a pastel. 

Me gustaba verla triste porque era más amable, correspondía mis miradas, albergaba mis esperanzas en un frasco sellado.

Nadie notaba cuando se ponía triste, nadie notaba que se ponía un poco de maquillaje y vestía un poco más provocativa.

Cuando ella se ponía triste explotaba mi mundo.

Cuando ella estaba triste escribía los versos más bonitos del boceto.     

martes, 23 de junio de 2015

CARTA SIN ENTREGAR, GERARDO ROBLES

No importa de dónde vienes, si vienes por mí. Si tus manos traen esa rojura cansada de las piedras, y traen veneno, y muerte. No me importa de dónde vienes, si me dejas beber de esas manos. Morirme como se debe morir. Sin medias tintas. Sin esperar. Sin querer siquiera resanar el último minuto. Sin esa crueldad del llanto y la angustia.
No vengas, si no vienes por mí. Y aunque vinieras envuelta en madera, o flotando, y no pudiera al menos encontrar tus pies. Y una nube, sí, grande, una nube negra, fuera lo único que alcanzara; de tu espalda; de tus manos. Qué más da. No importa, yo no querría saber de dónde viene aquello. De dónde lo tomaste.
No sé. Quizás no hay un cajón. No hay una casa. No hay un cobertizo donde uno aprende a separarse. Pero yo sólo quiero morirme ahí, en la marca que pongas con esos pequeños dedos, como una cruz. En la tierra. Como cuando encontrabas una moneda y no querías jugar con la suerte, y señalabas el destino. Ahí. Con esos dedos.
No importa ya de dónde vengas. Te lo he dicho. Es probable que lo diga para convencerme a mí. Yo ya no sé qué quiero. Si te digo que estoy seguro de todo esto, tal vez te mentiría. Pero estoy seguro, y no te miento.
Quiero que vengas, por lástima o por lastimado. Y que me tomes de la cabeza o del cuello, y que me des vuelta, y que no haya ni un solo minuto en el que deje de girar. Que me destroces, contra la grava; contra los muros; contra los dibujos que solías hacer en el papel. Pero, por favor, llega.
Hace ya mucho tiempo que no veo venir nada de esto. Yo no quería, y supongo que tú tampoco. Pero cuándo se va a imaginar uno. Que vas a venir de allá. De dónde ni siquiera tú sabes dónde queda. Donde yo nunca podría llegar, ni aunque me alejara, o fuera más grande y supiera dar los pasos como se dan los pasos.
No. En esos lugares no cabemos los perezosos, ni los delgados, ni los débiles. Simplemente no sabemos estar donde sí hay cosas. Donde nunca se necesita nada, y basta con levantar los párpados, un ojo, un cabello, y ahí está cualquier cosa, y se encuentra a la mano. Y no sólo se encuentra, sino que es maravilloso.
Es lo que digo: no importa de dónde vengas, ni lo que traigas, ni lo que te quieras llevar. Al cabo aquí es todo carencia, margen, posibilidad. Ven. De donde vengas, pero ven… y ven por mí. No importa si me quieres dejar. De cualquier forma ya estoy acostumbrado a pararme aquí, o sentarme, o quedarme acostado, o decirle a alguien que me cuide el lugar, aunque no haya nadie. Ya no es mucho.
Ven. Y con lentitud, con tristeza, con desánimo, dándole unas caladas al último cigarro, dime que ya no importa. Que me puedo ir. Que todo este tiempo que estuve esperando esas manos, y ese calor, y ese veneno, y esa libertad, no fueron nada. Y que cómo iban a ser algo, si desde siempre me quedé por que quise, y no porque me lo hubieras pedido.
Ven a decirme que me vaya; yo no puedo tomar esa decisión. Dímelo riendo. Escúpeme en la cara todo eso. Dímelo hasta que lo entienda. Convénceme. Convéncete. Convence a todos los objetos que nos estarán rodeando, si es que llegas de allá.
Pero, bueno. Yo no sé por dónde andas, y ya me cansé. Y sigo. Claro que no me muevo de este lugar. Porque si un día vienes, no importa de dónde, sé que pasará algo.


viernes, 19 de junio de 2015

PUDE, Yadira Romo

Yo  pude haberte comprendido y regalado el cielo con miradas,

pude haberte querido y entregado las estrellas del universo en una caja de deseos, pero pude, pude, pude y no lo hice, tus silencios  me mataron.

Sólo quería tu cariño, llenarte de besos porque encontraba en ti una belleza palpable, un cariño sincero. 

Yo pude haberme quedado contigo llorando las lunas que te arrebataron los sueños, también pude haberte dejado solo si querías que el infierno te tragara y podía digerir a todos los demonios en tus brazos.

Pero así nos pasa a los que encontramos el arcoiris en una gota de agua.

Yo pude haberte hecho creer que la vida era perfecta, que caminar por un camino de clavos no era tan difícil porque inspiraría tus metas. 

Solo quería que me quisieras como lo hubiera hecho yo, un poco menos, con un pie descalzo. 

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